LA HISTORIA CRITICA DEL PENE (4)

 


   TERMINÉ LA PRIMARIA  en el año 1955, a pocos meses de que cayera  la Dictadura peronista por un golpe militar que  no produjo el  nacimiento de una nueva aurora, sino el exterminio definitivo de la Democracia. 

LA FIESTA DE  DESPEDIDA DE LA PRIMARIA se hizo en la casa de la pendeja que me habìa desairado cuando le mandé unos poemas.

 En horas de la mañana fui, con  todo el curso,  a un picnic que se   hizo en un parque a orillas del rio Uruguay.

Cuando llegué a la reunión quedé azorado  viendo   a mis compañeras, esas blancas palomitas, convertidas en mujercitas.

Muchas de ellas tenían unos físicos bárbaros y  ya  salían con chicos de la Secundaria. 

Esa noche no se admitieron extraños.

 Mi Madre  había tratado de enseñarme a bailar el  vals. Como yo  no agarraba una  y la mataba a  pisotones desistió de seguir con sus clases.

Yo había decidido quedarme sentando   para evitarme   hacer el ridículo.

Mi  sorpresa fue  cuando  MIRTA B, la de mejor promedio de nuestro curso, se apiadó de mí y me invitó a caminar  abrazado a ella.

La piba tenía un cierto parecido con quien fuera   la primera Miss Argentina,  Ivana Kislinger (n. 1932). Su rostro tenía  tersura  de porcelana.

Me  tomó entre sus brazos y me fue  conduciendo por el improvisado salón de baile,   cuidando que no le arruinara sus zapatos blancos que ahora estrenaba. 

Su modo sutil de apretarme me permitió percibir  la  dureza de sus peras, un poco  verdes, pero en franco  proceso de maduración.

No pude evitar que mi miembro viril  se irguiera,  como un soldado ante el paso de la bandera, y se refugiara    entre sus  muslos. Ella me  miró, se  sonrió,  y siguió aferrada a mí. 

A causa de mis constantes ataques de asma, en el verano de 1956, me fui de Concordia.  Nunca màs me reencontré  con mis ex compañeros de la Primaria. 

MI PRIMERA EYACULACIÓN.  En los veranos de 1953 y 1954  las dos hermanas de Mi Madre habían alquilado  una casita en San Bernardo una villa  balnearia de la costa  atlántica,   fundada en 1943.

Me llevaron con ellas para liberar a Mis Padres, después de los  duros inviernos que habían pasado conmigo a   causa de mi asma.

Mis Tías, como lo hacía Mi Madre,  me  imponían el toque de queda a la hora de la siesta.  Yo no era de dormir.  Una de mis primas era mi aliada.

Mientras esperábamos que  se hiciera la hora de  volver   a la playa jugábamos  a las cartas.

No recuerdo bien como se dio la cosa, lo cierto es que empecé a observar  el tamaño de sus pechos, bien desarrollados, a pesar de sus once  años.   

Fue un día  cuando vi asomar una de sus tetas por entre la abertura de su blusa. Intenté tocar el fruto prohibido. Sufri un natural  rechazo, sin embargo,  mi pene se  

 descontroló.  Sentí un dolor punzante en la zona inguinal.

 Corrí al baño.  Me   quité el short.  Mi  miembro moqueaba como si   estuviese resfriado. De su boca  le  salía un líquido viscoso, que en  su caída  dejaba  sus  huellas sobre mis incipientes pendejos. 

Salí disparado  hacia   el chalet donde vivía un médico cuyos hijos eran amigos  míos.   La  familia estaba reunida  en el jardín. Se preocuparon al  verme tan agitado.

Cuando terminé mi relato, mis amigos  se rieron.  Esto aumentó    mi confusión.

El médico  supo contenerme. Con  una expresión indulgente   me explicó que había tenido una   expulsión espermática.   MI PENE  HABÍA ADQUIRIDO LA MAYORÍA   DE EDAD.

Mi Prima  desistió de las siestas compartidas. Había perdido la confianza en mí: yo me había convertido en un primo peligroso.  No me quedó otra que aceptar su decisión. 

Yo sabía que nunca me le iba a coger.   Yo he sido muy vueltero con las mujeres, siempre  dominado por mis  prejuicios y por  una personalidad  timorata.

Napoleón Bonaparte  (n. 1769)    fue de dejarse  llevar por la imaginación, pero que a la hora de los bifes, no era para nada  activo. Muchas veces me planteé si yo no soy una reencarnación del corso.

QUERIDAS PRIMAS.  He sabido de muchos chicos que tuvieron sus primeros escarceos con sus primas. Algunos profundizaron la relación hasta llegar al coito.

Yo conocí un familiar, más audaz que yo. Un tío muy querido lo había invitado a su casa    en la Capital Federal, para siguiera estudiando en una escuela técnica de mayor nivel.

El   Tío tenía una hija   que estaba muy bien desarrollada para sus quince años. Y tenía con un terrible metejón con  el primo, quien no perdió la oportunidad de debilitar la resistencia de la gurisa prometiéndole amor eterno. A él lo  único que le interesaba, como quedó demostrado,  era apoderarse de su inocencia.  

Una mañana  el tío  fue a la habitación de su hija para despertarla como lo hacía habitualmente para que fuera al colegio.   Como no la encontró subió hasta el altillo donde tenía su pieza el sobrino.

Encontró a los amantes profundamente dormidos   después de una frenética noche de amor

El desenlace: Mi Hermano fue desterrado y la adolescente, marginada del cenáculo familiar.

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Un amigo mío, mendocino él,    también se bajó a una prima sin el menor pudor.

La enamorada un día lo descubrió en brazos de otra pendeja. En un ataque de celos no le importó ponerse en evidencia: armó tal jaleo  que terminó por dividir a las dos familias. 

Como siempre  es la mujer la que sale perdiendo, más que todo   en lo psicológico que por la   pérdida de su  virginidad.

Lo cierto, que estas dos ilusas quedaron tecleando. Ninguna de ellas pudo reconstruir  su  vida  afectiva. ¡Vaya coincidencia del destino!

Yo era  un niño cuando  leí el libro consagratorio del escritor colombiano de origen hebreo, JORGE ISAACS  (n. 1837).   En María  plasmó maravillosamente el amor entre    primos.  

 Fue en el Perú donde  el  amor entre primos  tuvo  un trágico final.   

 “Ella tenía quince años cuando se le descubrió su relación con Omar.  Sus padres comenzaron a acosarla  para que terminara con el  noviazgo.   

 Una mañana ambos  decidieron escapar  de ese infierno al que estaban sometidos.

 Fueron unos  campesinos quienes  hallaron los  cuerpos de los enamorados en pleno  estado de putrefacción y  devorados por los perros.”  

NUNCA COLECCIONÉ VIRGOS.  En febrero de 1964,  viajé a Chile para  participar de un campamento de verano para jóvenes de origen hebreo.   Yo tenía  a mi cargo a un grupo de adolescentes mendocinos y trasandinos     de ambos sexos.

A la  semana dos pendejitas querían pololear conmigo sin importarles que yo tenía novia.    

Delicadamente, para no lastimar   sus  egos, las   aparté  de mí lado. De todos modos   me hicieron prometerles  que en el viaje de regreso las iría a visitar.

 La chilena a pesar de su camote, supo mantener su compostura. En cambio, la mendocina,  ,  una noche se me apareció   en  mi  habitación: llevaba puesto  un baby-doll  rosa.  Toda   su mercadería estaba al alcance de mi mano.   Mi conciencia pajera me gritó: “¡No!”  

A la cuyana le traté de explicar  que yo no coleccionaba vírgenes y que no estaba en mí hacerla  sufrir, porque   nuestra relación no tenía  futuro. Que  mejor se  reservara   para alguien que pudiera prometerle, más no fuera,  un gramo de felicidad.  Me dio un beso y   regresó a su dormitorio.

No sé si la mendocina se sintió agradecida.   Yo nunca lamenté mi proceder.

 El veneciano GIACOMO CASANOVA (n. 1725),    podía seducir a la más virtuosa de las  mujeres en solo  quince minutos. Su debut fue con dos hermanas    impúberes. 

 Por mi edad cronológica y por  las oportunidades que dejé pasar, demoré, en demasía,  mi iniciación sexual. Mi pobre  polla   padeció lo indecible hasta que pude darle el gusto de abrir a su antojo la puerta del goce genital.   Mientras tanto se tuvo que conformar con tener que acabar en seco para no morirse ahogado.

A principios de febrero de 1957 Mi Madre me llevó a   las sierras cordobesas de CAPILLA DEL MONTE, que era más barato que tenerme en Mendoza.

 El día que llegué me encontré con una media docena de jovencitas decididas a darme la bienvenida.

Se habían enterado había una  cara nueva en camino. Yo era una alternativa de cambio en una comunidad donde mayormente no pasaba nada. 

En mi vida soñé    tener tantas novias en tan poco tiempo como  en Capilla del Monte.

Todos  mis  noviazgos  fueron de  corta duración y ninguna de las changuitas  se sacrificó para que yo dejara de ser célibe.    

El  único  cine que  había en   el pueblo yo lo había  convertido en  mi refugio  de amor.

Yo no era de ir a bailar  porque me sabía un patadura. Cuando iba a una  milonga era   para hacerle la pata a algún amigo.

Con las gurisas yo me excedía  en la franela aún   cuando estaban pidiendo a gritos    un bombero. Yo quería ser la manguera pero no me animaba   pedirles que se dejaran mojar.  

Mi mayor temor era hacer el  ridículo.  Me la imaginaba la recortada perdida  en los confines de un coño sin saber qué hacer.    

 También  me limitaba el   no tener un bulín  a mi disposición.  No podía  pedirles a mis noviecitas  que se dejaran fifar  bajo las estrellas, y  mucho menos la primera vez.

ALGO DE HISTORIA. Según el antropólogo  belga Claude Levi-Strauss (n. 1908), la importancia de la virginidad nació con las comunidades primitivas, cuando los “grupos comenzaron a intercambiar bienes para sobrevivir y la mujer resultaba  ser un bien de consumo.  Siendo casta,  tenía un muy buen precio.

Antiguamente a las mujeres   las mentalizaban  para que se mantuvieran  vírgenes  hasta el día de la boda.   

Esta zoncera   les hacía  mucho daño a las que eran    seducidas y abandonadas   ya que  terminaban con el bocho perforado y la autoestima por el suelo. Con el tiempo  la mujer comprendió  que la pérdida del himen no tenía por qué cambiarle la  vida.

En el siglo XXI,  es posible  restituir el himen   mediante la colocación de un  plástico de origen chino.

EN EL ANTIGUO EGIPTO el hombre le   pagaba al sirviente para que desvirgaran a la novia delante de ellos. 

En el Medioevo estaban aquellos  que debían testimoniar     de la virginidad de la mujer a la hora de consumarse el matrimonio.

Una costumbre que se conserva entre los gitanos y también en      algunos sectores sociales de  la ciudad colombiana de Cali.

En el  mundo musulmán la mujer sabe que su  honor  está entre sus   piernas. Que debe  crecer sin deseos sexuales.

LAS SACERDOTISAS ROMANAS  las “vestales debían ser vírgenes y estaban dedicadas al culto de la diosa del hogar  Vesta,  y tenían la responsabilidad de conservar   permanentemente encendida  la llama votiva del templo. Si  se les apagaba,    la vestal   que había estado de guardia  era azotada.

El tabú de la virginidad llevó a la Europa de la revolución industrial al extremo de aprobarse  leyes que permitían el encarcelamiento de las mujeres trabajadoras que quedaban embarazadas.

Con el correr de los siglos la  embarazada  sigue teniendo problemas para no perder su trabajo.

La lituana de origen hebreo EMMA GOLDMAN  (n. 1869)  fue pionera en la  lucha por la libre sexualidad, la anticoncepción, la autonomía de la  mujer  para decidir sobre su cuerpo y para expresarse libremente.

“El primer   emperador romano CAYO JULIO CESAR AUGUSTO (n.63 adC),    para demostrar su vitalidad   gozaba “desflorando las vírgenes que le traían desde todos los confines de su imperio.

La   francesa MARIE MADELEINE D’AUBRAY, marquesa de Brinvillier-La-Motte, (n. 1630),   perdió la virginidad a los siete años cohabitando con sus propios hermanos. Después de casarse comenzó una vida libidinosa con el consentimiento de su marido.

La escritora de los libros de cocina SOPHIE DAHL (Sophie Holloway  n. 1977, pertenece a una familia que nunca se caracterizó por vivir de forma convencional.

Cuando tuvo su primera menstruación, su madre festejó el acontecimiento organizándole  una fiesta en el hotel Plaza, de Nueva York.

Sophie perdió la virginidad con Nolan Hemmings, hijo del actor David Hemmings  quién, a su vez,  había sido amante de su madre.     Su abuela era   la actriz estadounidense PATRICIA NEAL (n.  1926.)  Neal que   pasó algunas  temporadas en neuropsiquiátricos. ”

 Yo la   recuerdo por sus soberbias actuaciones en Un Rostro en la Muchedumbre y   De repente, en el Verano.

La  novelista francesa MARGARITE DURAS, (n. 1914 en Saigón) “se inició  sexualmente a los dieciséis  años con el  aristócrata   chino  Huynh Thoai Le, que la duplicaba en edad. Era  tanto   su  apasionamiento físico que una vez confesó: ‘De no haber sido escritora hubiese sido   puta’.”

Yo tenía una  amiga  que  le había vendido  a su novio el cuento de su virginidad. No se dejó tocar hasta después de la boda. Horas antes de pasar por el altar se lavó sus zonas íntimas  con agua mezclada con alcohol benzoico; después se secó y se espolvoreó meticulosamente con almidón.  Cuando su esposo le introdujo  el falo  en su covachita, mi amiga  aulló como si le estuvieran desgarrando el himen.

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Todos los días matamos nuestras mejores pasiones. Henry Miller.

( Continuará)

 ( Toda la publicación se puede leer en el rincondelosimpios.blogspot.com

 

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